En el día a día enfrentamos diferentes retos, aflicciones y/o sufrimiento por diferentes circunstancias. Descansar en las promesas de Dios, recibir de su presencia el consuelo y la fortaleza nos es siempre necesario. A veces las personas creen que tener a Jesús en su corazón significa dejar de padecer, que todos sus problemas y enfermedades se irán o que el Señor les dará todo lo que piden. Gracias a Dios las cosas no son así. Dios no nos da todo lo que pedimos, sino todo lo que en su sabiduría sabe que favorecerá a cumplir ese propósito eterno que tiene para nosotros.
Salvo que una persona reciba a Cristo en su corazón y muera inmediatamente después, habrá muchas batallas y sufrimiento que enfrentar para los que aún estamos en este mundo. Incluso no podemos asegurar que segundos antes de partir esa persona no experimentó sufrimiento, temor o aún deseo de vivir. El que partió estando en Cristo, ha entrado en el reposo del Señor, hasta ahí llegó su historia en esta vida. Los que aún estamos vivos debemos aún luchar, no darnos por vencidos y continuar en el propósito del plan divino. “Tenemos una esperanza firme en cuanto ustedes, porque nos consta que, así como tienen parte en los sufrimientos, también tienen parte en el consuelo.” 2 Corintios 1:7
Tengamos comunión con Dios por quien Él es, no por lo que nos da o por las oraciones contestadas. Muchas cosas no tendrán explicación, no le encontraremos el propósito, parecerán injustas, pero eso no quiere decir que lo sean. Ciertamente tienen un propósito y obrarán para bien. Dejemos que nuestro consolador, el Espíritu Santo, haga su obra en nosotros. Esperemos pacientemente, con una esperanza firme en que no necesitamos entender lo que sucede, sino confiar en que Dios es bueno, nos ama y tiene planes de bien para nosotros. El sufrimiento va incluido, es parte de un plan y en este mundo caído es inevitable; lo importante es permanecer firmes en nuestra fe. “Porque a vosotros se os ha concedido por amor de Cristo, no sólo creer en El, sino también sufrir por El” “Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en Cristo, El mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá.” Filipenses 1:29 y 1 Pedro 5:10



