Hay tormentas en la vida que son tan fuertes que ni siquiera podemos abrir los ojos. El golpe del agua nos lastima, nos ciega, pero estamos ahí, permaneciendo firmes.
¿Es a caso la firmeza suficiente? ¿no es también la paz en la espera necesaria? La paz va acompañada de la esperanza que sobreviviremos la tormenta, de que ésta pronto pasará; ¡por su puesto que es vital!
Jesús prometió darnos paz en medio de la tormenta, acompañarnos en los buenos y malos momentos. Es a Él a quien debemos de clamar en la tempestad con la certeza que nos escucha y ayudará.
«Dios escucha a los suyos y los libra de su angustia. Dios siempre está cerca
para salvar a los que no tienen ni ánimo ni esperanza.
Los que son de Dios podrán tener muchos problemas,
pero él los ayuda a vencerlos.» Salmos 34: 17-19
